LA VIDA DESPUÉS DE LA PANDEMIA

Cardenal Baltazar Porras Cardozo

Si alguien ha tratado de iluminar desde la pandemia del Covid 19 lo que le espera al mundo después de superar este bache, se llama el Papa Francisco. En una pequeña obra con el título de esta crónica se recogen las principales intervenciones del Papa sobre el tema. En la introducción el Cardenal Czerny, jesuita nos da la clave para seguir el pensamiento del Pontífice: “El primero es sugerir una dirección, algunas claves y directrices para reconstruir un mundo mejor que podría nacer de esta crisis de la humanidad. El segundo objetivo es sembrar esperanza en medio de tanto sufrimiento y desconcierto. El Papa basa claramente esta esperanza en la fe, porque con Dios la vida nunca muere”.

No sabemos hacia qué tipo de sociedad estamos caminando. No lo sabemos. Puede ser mejor o peor. Porque hay un principio claro: de una crisis no se sale igual. O salimos mejores o salimos peores. Y el modo en que salgamos depende de las decisiones que tomemos durante la crisis. Y son decisiones no solo morales, sino humanas, que tocan a lo humano, que tocan al futuro de la humanidad, que tocan a los que van a venir después de nosotros.

Aprender a afrontar el duelo es importante. El dolor, la impotencia, a veces el modo mismo inhumano, en que muchos tuvieron que enfrontar la muerte -y con esto no quiero culpar a nadie-, fue muy doloroso. Asistimos al doble espectáculo de no poder acompañar en el morir a los seres queridos; pero, también pudimos escuchar cuántas enfermeras contaron que viejitos que sabían que se estaban yendo les decían “quisiera decirle algo a mi hijo o a mi nieto” y ellos sacaban el teléfono celular y los ponían en contacto.

Es un duelo muy duro, vivir la soledad del dolor. Hay momentos en la vida en los cuales las palabras no sirven, las palabras parecen estar de más; más aún, hacen daño. Es el momento del silencio, de la cercanía y de hace lo posible por estar juntos. Hay un cambio esencial, el gran desafío social consiste en no rearmar el sistema económico social como estaba con una buena pincelada de barniz, pero sigue siendo el mismo con sus injusticias, no hemos aprendido nada.

Qué criterio debe regir la distribución de la vacuna, se pregunta Francisco. Bueno, ojalá venga pronto la vacuna porque pienso que, mientras no haya vacuna, la amenaza siempre va a seguir. Como en la gripe o como en el sarampión, hace falta la vacuna. Y la vacuna contra el coronavirus tiene que ser universal. No puede ser propiedad del país del laboratorio que la encontró o de un grupo de países que se alían para esto; si esto fuera así no habremos aprendido nada de tanto sufrimiento. Porque la salud de nuestros pueblos como la pandemia nos enseña es patrimonio común, pertenece al bien común, y ese debe ser el criterio.

Muchas otras reflexiones del buen Papa argentino nos animan a renovar la fe para que la esperanza cunda a nuestro alrededor, para ser protagonistas del futuro que soñamos.

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