LA ÚLTIMA IGLESIA DEL CARDENAL UROSA

Por: César Simón García Urbano Taylor

         En un momento de mi vida, sumido en la mas extrema incertidumbre, saturado de contrariedades, ataques y problemas financieros y legales de toda índole entró a mi oficina un sacerdote explicando “…el proyecto del Cardenal para la construcción de un templo en uno de los barrios mas populosos del País…”

         De inmediato me pregunté: ¿Cómo podría ayudarlo justo en este momento, en la situación económica mas comprometida y delicada de toda mi vida..?

         Sin embargo, el Padre Jaime hablaba esperanzado de su parroquia en el Barrio Kennedy de Caracas; de las dificultades de sus habitantes y de las ideas del Cardenal. Me hablaba de la pequeña capilla con apenas espacio para una treintena de personas dentro de una gran urbe con ingentes necesidades espirituales, que podrían atenderse con la infraestructura correcta.

         Sus relatos me abstrajeron de mis propios problemas, confrontando el egoísmo que se afianza en las contrariedades de nuestra autoindulgencia.  Me dieron una perspectiva acerca de que sin importar cuán mal pudiera parecer mi situación personal, pensar en cómo ayudar activamente al prójimo me generaba paz y me otorgaba creatividad productiva.

Hoy estoy convencido de que ayudar a los demás cuando estamos en nuestros peores momentos, es el bálsamo enviado por Dios para enseñarnos el verdadero sentido de la vida y la felicidad.

         Dejé de pensar en lo que había perdido e iniciaría la organización asertiva de mis recursos, por muy escasos que parecieran, para contribuir a una solución real.

Así reunimos a topógrafos, geólogos, ingenieros, arquitectos, maestros de obra, estructuristas, albañiles, herreros y en general a los típicos intervinientes de toda obra y les pedimos hacer su mayor esfuerzo y consideración a los efectos de levantar en medio de un populoso barrio de la Capital, un templo y un centro comunitario que atendiera las necesidades espirituales de miles de personas.

Su retribución, les dijimos, sería mas que evidente: construir el camino de la Fe y la Evangelización en el Amor de Dios… Eso para la mayoría fue mas que suficiente. Todos aportaron su industria y su trabajo.

Entre escombros, piedra y materiales de construcción las misas se abrían paso al aire libre, como testimonio de la convicción de que en ese lugar existiría el lugar proyectado.

Hoy el Templo de San Francisco y su centro comunitario son una realidad culminada. Con mas de mil metros cuadrados pueden albergar a mas de trescientas personas por ceremonia y está preparando salones para impartir catequesis y programas educativos para jóvenes y adultos en múltiples áreas.

El Padre Jaime relata, como prueba inefable de Dios, que la delincuencia ha disminuido drásticamente en la zona. Muchos han desertado de las bandas criminales y acuden a la Iglesia a casarse, a bautizar y confirmar a sus hijos y en general el Barrio está cambiando desde este hermoso Templo que irradia la Luz de Dios; promovido por el Cardenal Jorge Urosa Sabino hasta su mas mínimo detalle.

El Cardenal me otorgó la oportunidad de trabajar con las personas del lugar, de coordinar la logística con fundaciones internacionales, de tener una audiencia con el Papa y relatarle el proyecto que lleva el nombre del santo cuyo nombre adoptó. Me ayudó a sanar mis heridas mientras la marea de mi vida se calmaba en la ayuda al prójimo, reencontrando mi sendero y redimiéndome de mis errores.

El Cardenal lo sabía, me explicaba lo que Dios me habría encomendado dentro de su Plan. Me enseñó acerca del ancestral arte de edificar templos católicos. Quería que fuese amplio, sin columnas atravesadas, de altura, ventilado, con luz y en definitiva como un sitio donde los feligreses se sintieran cómodos, abrazados y a gusto, en el corazón de un lugar complejo, denso y carente de los servicios sociales mas elementales. Quería para todos un oasis de oración y meditación en Cristo.

Coordinaba todo con una capacidad gerencial impresionante; teniendo absoluta claridad conceptual acerca del objetivo, dinámica y conformación del lugar.

Me dijo que habría estado a cargo de la construcción de muchas iglesias en Venezuela, en especial en el Estado Carabobo; pero que la edificación de los templos católicos se había visto prácticamente detenida desde 1999 siendo, en 2015, el Templo de San Francisco de Kennedy, la única iglesia en construcción activa e ininterrumpida en toda Venezuela, pues las difíciles circunstancias políticas y económicas obstaculizaban mucho estos procesos. Que distinto serían los barrios venezolanos si tuviesen muchas mas iglesias.

         Hoy en éste lugar se celebran matrimonios, se evangeliza a diario, se bautizan adultos niños y jóvenes; se confirman creyentes, y se están creando programas de ayuda social, como expresaba el Cardenal sería.

         La última Iglesia física del Cardenal es la reafirmación en la espiritualidad de miles de personas de todas las edades, es la oración infinita; es lugar de paz y salvación de centenares de personas, es la vivencia que todos los días me llena de una inefable plenitud. Es la póstuma ofrenda de despedida del Cardenal Jorge Urosa Sabino y una muestra más de su entrega a los creyentes, para buscar la Verdad, la Alegría y el Amor en Dios.

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