LA GEOGRAFÍA DEL PAPA FRANCISCO (2)

Cardenal Baltazar Porras Cardozo

El largo artículo de la revista Études permite alargar nuestra crónica para resaltar “la geografía de Francisco” desde la repartición de sus nominaciones de cardenales en el mundo. Me limitaré a entresacar algunos párrafos para disfrute de los lectores. “El centro de la Iglesia pierde numerosos capelos. Ciertos cargos la curia, tradicionalmente cardenalicios, no han recibido la birreta roja”. “Benedicto XVI había nombrado 44 cardenales en 28 países diferentes, mientras que el papa Francisco ya ha nombrado 54 cardenales en 41 países”.

“El papa Francisco posee también el arte de desconcertar las predicciones o las esperanzas al pasar por encima de ciudades acostumbradas a sus cardenales residentes para ponerles el capelo a arzobispos de localidades inesperadas, como Agrigento, Ancona o L’Aquila, en Italia, en tanto que Venecia y Turín o, en España, Toledo y Sevilla ya no tienen cardenales. En Haití, el capelo no aterrizó en Puerto Príncipe, sino en una pequeña ciudad apenas episcopal, Les Cayes”.

“Lejos del corazón de Europa. Con el papa Francisco, el papado toma un rumbo cultural, geográfico y geopolítico muy diferente al de su predecesor. Oriundo de Argentina, el papa viene del tercer mundo, ve a Europa de lejos, a pesar de que su familia procede de allá”. “Desde esos grandes espacios llenos de esperanza, Europa le parece al papa “una abuela cansada”, como lo dijo en su discurso ante el Parlamento Europeo el 25 de noviembre de 2014, diagnóstico que repitió al recibir el premio Carlomagno en el Vaticano el 6 de mayo de 2016”.

No se les ha dado toda la importancia a esas frases pronunciadas en Estrasburgo y Roma, las cuales manifiestan una visión cuando menos esquemática y más bien negativa de Europa. Vale la pena citarlas ya que las pronunció dos veces muy oficialmente. “Sin embargo, él invita a “actualizar” la idea de Europa, una Europa capaz de dar a luz un nuevo humanismo fundado sobre tres capacidades: la capacidad de integrar, la capacidad de dialogar y la capacidad de generar. Concluye soñando con una Europa que ayudaría a las familias, los jóvenes, los migrantes y que podría defender los derechos de cada quien”.

“Otra visión sociológica. Acostumbrado a los barrios populares de Buenos Aires, el cardenal Jorge Mario Bergoglio nunca se ha sentido cómodo en los barrios ricos. Siempre ha rechazado las invitaciones “mundanas”, ni siquiera llegó a reunirse alguna vez con los representantes católicos del empresariado argentino. Los contextos de Europa y de los Estados Unidos son para él mundos ricos y poderosos que no ha frecuentado”.

“Otra visión religiosa. El papa Francisco tiene una visión negativa de las sociedades secularizadas que, aparentemente, han tomado sus distancias respecto a la fe: “El proceso de secularización tiende a reducir la fe y la Iglesia al ámbito privado e íntimo. Además, con la negación de toda trascendencia, ha producido una deformación ética creciente, un debilitamiento del sentido del pecado personal y social, y un aumento progresivo del relativismo, que dan lugar a una desorientación generalizada, especialmente en la fase de la adolescencia y de la juventud, muy vulnerable a los cambios”.

El autor reconoce este diagnóstico bien real, pero en su condición de europeo, manifiesta cierta nostalgia porque, según él, el Papa “no ve el considerable trabajo interno hecho por los cristianos en los países de Europa que han debido afrontar la secularización”.

“Estas observaciones no le restan nada a todo lo que ha hecho el papa Francisco para desempolvar la iglesia, revolucionar su administración, renovar su lenguaje, exigir la verdad sobre los abusos sexuales y denunciar el clericalismo, recuperar los fundamentos del evangelio y de la atención a los más pobres. El papa Francisco ha llevado a cabo una obra inmensa en algunos años, pero tiene también su cultura y sus orientaciones personales, como todos sus predecesores. Juan Pablo II era visceralmente polaco y anticomunista, lo que no lo predisponía a comprender a América Latina. Benedicto XVI tenía un tropismo de intelectual europeo que no lo ayudó a participar en los debates teológicos con el Tercer Mundo”.

“La geografía del papa Francisco ha abierto el centro a las periferias con un vigor absolutamente latinoamericano”. Vale la pena leer íntegramente este enjundioso trabajo y reflexionar la hondura y la valentía de roturar nuevos caminos en la búsqueda de una presencia más significativa de la Iglesia en el convulsionado mundo de hoy.

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