450 AÑOS DE LEPANTO

Cardenal Baltazar Porras Cardozo

El 7 de octubre de 1571 tuvo lugar una de las batallas navales más importantes de la historia. El golfo de Lepanto, en el este de la península griega fue el escenario del sangriento encuentro entre la armada e infantería de la Liga Santa y el imperio otomano. Se cumplen, pues, 450 años de aquel acontecimiento que marcó la supremacía de las repúblicas marineras de Venecia, Génova y Saboya, los caballeros de Malta y los galeones de Felipe II, principal financista de la expedición comandada por su hermano Don Juan de Austria, hijo bastardo de Carlos V.

Detener la expansión del imperio otomano que a lo largo de más de un siglo había avanzado en la conquista del este mediterráneo, -Constantinopla había caído en manos del Islam en 1451-, poniendo en peligro el mundo cristiano europeo ante la secular cruzada musulmana de dominar al viejo continente. Política, economía y religión, se mezclaban en la búsqueda de una hegemonía que tambaleaba a los principados del Mediterráneo y los imperios del este y centro europeos.

El sueño de dominar, los griegos al oriente hasta las riberas de los grandes ríos de la India; y los intentos del mundo persa de adueñarse del Mediterráneo más allá de sus costas, tierra adentro, ha sido uno de los conflictos que ha perdurado durante siglos, siendo en estos momentos, una de las angustias de la transformación de Europa ante la presencia turca, persa, árabe, en su inmensa mayoría seguidores de Mahoma, ante un continente variopinto que no logra reencontrarse más allá de lo económico en la Unión Europea que se tambalea por atávicas divergencias que impiden la unidad soñada pero jamás vivida.

Aquella batalla tiene visos de una encarnizada lucha en la que la vida vale poco y hay que sacrificarla por un bien que de común tiene poco. Los héroes vencedores con Don Juan de Austria a la cabeza, el veneciano Agostino Barbarigo que murió en la refriega, Andrea Doria y don Álvaro de Bazán. Del lado otomano el almirante Alí Pa,sa, se enfrascaron en seis horas de combate que dejó miles de muertos y muchas pérdidas en ambos frentes. La victoria cristiana tuvo como principal pilar a la monarquía hispana con Felipe II a la cabeza, auspiciado por el Papa Pío V, quien encomendó a la Virgen del Rosario el éxito de la batalla, por lo que decretó desde entonces, el 7 de octubre como fiesta de la Virgen bajo dicha advocación, en el calendario universal de la Iglesia.

La expansión otomana por el mar Mediterráneo llegó a su fin. Los siglos posteriores hasta nuestros días marcan otros hitos de un desencuentro que tiene hoy día otras aristas que dificultan la paz entre el medio oriente asiático y el oriente europeo, sin que se vea claro el futuro de paz que tanto anhelan los pueblos. La urgencia de custodiar la “casa común”, ha provocado en la dirigencia religiosa con el Papa Francisco a la cabeza, quien en conversaciones con el Patriarca ortodoxo Bartolomé y el Gran Imán Ahmad Al-Tayyeb, nos ha recordado que “Dios ha creado todos los seres humanos iguales en los derechos, en los deberes y en la dignidad y los ha llamado a convivir como hermanos entre ellos”. Es la tarea que está, sigue todavía en pañales, con una fragilidad que pone delante la insensatez y la emocionalidad, antes que la racionalidad y la fraternidad.

Lepanto es la lección de que las guerras no traen la paz, sino que dejan heridas que el tiempo se encarga de abrir de nuevo, para recaer en lo que nunca más debe acontecer: la guerra fratricida.

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